Foto: Thomas Müller / SPDA

  • El siguiente artículo, que analiza los compromisos asumidos por los Estados en la COP26, fue publicado en la edición 69 de Panorama Mundial, boletín electrónico del Instituto de Estudios Internacionales (IDEI) de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Por Isabel Calle Valladares y Jorge Caillaux

 

El 13 de noviembre 2021 terminó la cumbre climática mundial (COP26) que se desarrolló en la ciudad de Glasgow, Escocia, donde 197 países suscribieron el Pacto Climático de Glasgow, con un mayor sentido de urgencia y ambición para acelerar la acción climática de los países, así como un grado de consenso en mantener el aumento de la temperatura media global en 1.5 °C. El pacto subraya la importancia de asegurar la integridad de los ecosistemas incluyendo los bosques, océanos y la criósfera[1] y la protección de la diversidad biológica. Se incluye una referencia a la importancia de la “justicia climática” al aprobarse las acciones necesarias.

Un balance de lo acontecido en este breve artículo sería insuficiente por la complejidad y singularidad de los retos que la humanidad enfrenta, comenzando por lo que constituye la geopolítica energética. En efecto, siendo el sistema energético uno de los pilares de la economía mundial, si queremos salir airosos de la emergencia climática, tendremos que rehacerlo rápidamente, lo que requiere decisiones políticas tanto en lo público como en el sector privado para avanzar hacia una nueva economía que afectará a muchos, especialmente a quienes manejan el poder del petróleo y demás combustibles fósiles pero que también significará enormes oportunidades de inversión y desarrollo en energías renovables y conservación y restauración de ecosistemas, entre otros. Conscientes de estas limitaciones, sí resulta posible y pertinente hacer una sinopsis de los acuerdos alcanzados.

1. Incrementar la ambición climática mundial

El Acuerdo de París (acordado en la COP21 de 2015) establece la necesidad de que los países reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a fin de evitar un incremento de la temperatura superior a los 2 °C, incluso por encima de 1.5 °C. Por ello, estableció las Contribuciones Nacionales Determinadas (NDC, por sus siglas en inglés) como mecanismo para medir el compromiso de los países de reducir sus GEI a la meta planteada. En esta lógica, todos los países debían revisar sus NDC cada cinco años.

Sin embargo, el Informe elaborado por la Secretaría del Convenio de Cambio Climático (CCC) de setiembre de 2021 sobre las NDC disponibles de las 191 Partes, tomadas en conjunto, alerta sobre un aumento considerable de las emisiones globales de GEI en el 2030 en comparación con 2010, de alrededor del 16 %. Y de acuerdo a las conclusiones del IPCC, ese aumento, a menos que se modifique rápidamente, puede provocar un incremento de la temperatura de unos 2.7 °C a finales de siglo. Ante este hecho, la meta del 1.5 °C se ha convertido en Glasgow en un objetivo de consenso. El reto es cómo llegar a cumplirla a finales de siglo pues se requiere de reducciones rápidas, estructurales y sostenidas incluyendo la reducción de dióxido de carbono en 45% para el 2030 respecto del nivel del 2010 y alcanzar cero emisiones netas para 2050.

Los países se han comprometido a revisar sus NDC al 2030 y actualizarlas en línea con las nuevas tecnologías, acelerando la adopción de energías limpias y eficientes y reduciendo (si no eliminando) las plantas de energía a base de carbón.

2. Movilización de fondos para los países en desarrollo

Los países desarrollados se habían comprometido a movilizar 100 mil millones de dólares anuales para 2020 hacia los países en desarrollo; sin embargo, este compromiso no se ha cumplido. La COP26 reconoce esto e insta a los países desarrollados no sólo a cumplir con dicho objetivo sino a incrementar con urgencia estos recursos, transferencia de tecnología y de capacidades tanto para adaptación como para mitigación doblando esa cifra para el 2025.

Las entidades financieras multilaterales y la banca privada se comprometieron también a incrementar sus líneas de financiamiento. Así, por ejemplo, tenemos la declaración de 450 grandes firmas financieras de 45 países comprometiéndose a invertir 130 mil millones de dólares para apoyar proyectos de descarbonización de la economía para 2050. Anteriormente la Alianza Financiera de Glasgow hacia las Cero Emisiones Netas, creada en abril 2022 por 45 países que reúne a banqueros, aseguradores e inversionistas, declararon el compromiso de definir un plan de acción basado en directrices científicas que les permitan alcanzar emisiones netas cero en 2050.

3. Mercados de carbono

De otro lado, en la COP26 finalmente se logró adoptar las normas de aplicación del artículo 6 del Acuerdo de París, permitiendo mayor seguridad y predictibilidad a las reglas del mercado de carbono para facilitar las transacciones internacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a fin de cumplir con el objetivo del referido Acuerdo. De manera tal, que el país transmisor obtiene un pago por transferir una determinada cantidad de emisiones que han sido reducidas y de otro lado el país receptor obtiene dicha reducción, la misma que será parte del cumplimiento de sus NDC. A través de estas reglas se busca evitar la doble contabilidad y asegurar la integridad de los mercados. Es decir, establecer que el país transmisor no podrá contar dicha reducción de GEI como parte de sus NDC sino que es el país receptor quien puede reportar dicha reducción como parte de las metas climáticas establecidas en sus NDC.

En cuanto a la integridad de mercados, existen iniciativas como la Iniciativa para la Integridad de los Mercados Voluntarios de Carbono (VCMI, por sus siglas en inglés), que es una plataforma mundial de múltiples partes interesadas creada para ayudar a garantizar que los mercados voluntarios de carbono contribuyan de forma significativa, medible y positiva a la transición de la economía mundial hacia un futuro de 1.5 °C, y que eso se logre recurriendo a la mejor ciencia disponible y a una amplia gama de conocimientos técnicos y teniendo en cuenta las opiniones de todas las partes interesadas. Así, cuando se trate de un demandante de carbono se prevenga una presunta elusión del cumplimiento de sus obligaciones de reducción de GEI en su país y solo proceda a la compra de carbono cuando ya no pueda reducir más sus emisiones.

[Ver además ►[Infografía] ¿Cuáles fueron los compromisos más importantes de la COP26?]

Foto: Diego Pérez / SPDA

4. Reconocimiento de las SbN para aportar beneficios a la adaptación y mitigación del clima

Si bien en la COP26 no se llegó a utilizar la expresión «soluciones basadas en la naturaleza” en el texto final, sí se destaca la importancia de proteger, conservar y restaurar la naturaleza y los ecosistemas, incluidos los bosques y otros ecosistemas terrestres y marinos, para alcanzar el objetivo global a largo plazo del Convenio de Cambio Climático, actuando como sumideros y depósitos de gases de efecto invernadero y protegiendo la biodiversidad, al tiempo que se garantizan las salvaguardias sociales y medioambientales.

Es un paso importante si reconocemos que las soluciones basadas en la naturaleza (SbN), son acciones de conservación, restauración y gestión de la tierra que aumentan el almacenamiento de carbono y evitan las emisiones de gases de efecto invernadero. Para los países biodiversos como el Perú las inversiones en la regeneración de ecosistemas o mejora de la infraestructura natural son opciones concretas para generar economías sostenibles en línea con los objetivos climáticos. Por ello, las SbN constituyen una de las medidas clave para frenar el incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

5. Eliminación de la dependencia de los combustibles fósiles y la promoción de la inversión en energías limpias

Otro de los temas fundamentales que se trató en la COP26 es la necesidad de reducir significativamente los combustibles fósiles para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París y promover la inversión en energías limpias. No obstante, el texto final solo hace una referencia a la necesidad de realizar esfuerzos para la retirada progresiva del carbón y la eliminación de las subvenciones a los combustibles fósiles ineficientes, aunque la tendencia es clara hacia dicho fin. Por ejemplo, Costa Rica y Dinamarca crearon la Alianza Beyond Oil & Gas (BOGA), una coalición internacional de gobiernos y partes interesadas para facilitar la eliminación gestionada de la producción de petróleo y gas. El objetivo es priorizar la cuestión del suministro de combustibles fósiles en la agenda internacional sobre el clima y la energía y promover el diálogo sobre la necesidad de una eliminación gestionada y justa de la producción de petróleo y gas.

En el caso del Perú, a contracorriente con estrategias de otros países, hemos incluido el Diesel BX de uso vehicular y el Gas Licuado de Petróleo (GLP) al Fondo para la Estabilización de Precios de los Combustibles Derivados del Petróleo (FEPC), como una medida para evitar que la alta volatilidad de los precios del petróleo y sus derivados se traslade a los consumidores. Si bien el mecanismo tiene objetivos claros no está alineada a la meta mundial de eliminación progresiva de este tipo de subvenciones.

Asimismo, el 10 de noviembre diversos países, go